Comer

Adoremos al pollo a l’ast

Paellas a parte, el pollo a l’ast o pollo asado es el icono gastronómico a la hora de comer los fines de semana. Los nuestros están marinados y asados al punto justo para mantener su jugosidad.

Adoramos esa piel dorada por el calor de las brasas, que encierra una carne blanca, tierna y jugosa. Mira que es humilde y popular y mira que siempre hay peleas por el muslo o la pechuga. Que viva el pollo a l’ast.

El pollo asado, ese comodín para arreglar una reunión de amigos o una comida familiar, cuando las matriarcas de la estirpe se hartan de sudar en los fogones y guisar para la prole. Una visita a la rosticería de confianza y premio: la mítica fiambrera de papel de aluminio y tapa de cartón -con la misma fotografía que en los años 90’s-, moteada por la grasa y que da cobijo a un pollo entero de unos dos kilos, con sus patatas nadando en salsa, hojas de romero y tomillo pegadas a la piel del ave y un aroma hipnótico. El pollo a l’ast es felicidad, un recuerdo gastronómico grabado en las neuronas que sabe a domingo y alegría.

Desde la rosticería de Convent Carmen reivindicamos el culto a esta preparación -que en València sólo se asa en contadas casas de comidas- con nuestro pollo crujiente, jugoso y sabroso, asado a leña en un espetón giratorio frente a la viveza de las llamas. Lo untamos con una mezcla de limón, tomillo, romero, pimienta y sal y lo cocinamos, dándole vueltas y vueltas durante dos horas. Con el jugo que suelta, elaboramos una suculenta salsa perfecta para bañar las partes menos grasas o para comer con patatas.

Plaza Portal Nou, 6, 46006 València
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