Comer

¡Croquetas!

De jamón, de cocido o de bacalao. Tres sabores y una fritura única, divina, adictiva. Así son nuestras croquetas.

Vinieron de Francia, tierra en la que eran conocidas por el nombre de croquette, también se empanaban y se freían, pero llevaba un mezcladillo de carnes, hierbas y huevo que más bien recordaba a los patés. De bechamel, ni hablamos. En el viaje hasta nuestro país adelgazaron y cometieron un desliz goloso: fueron un postre, una suerte de bolas de arroz con leche rebozadas y fritas.

Las primeras recetas de las croquetas de jamón y bacalao se publican a mediados del siglo XIX, ya con bechamel y con un rebozado bien constituído. Precisamente, esas dos variedades forman parte de nuestro triunvirato croquetero, un tridente crujiente formado por las croquetas de jamón, de cocido y de bacalao.

Nuestras croquetas llevan una bechamel suave, cremosa y fina, y un rebozado dorado y fotogénico. Para conseguir su saborazo, mezclamos la salsa blanca con las sobras del cocido -¡que vivan las recetas de aprovechamiento-, con trozos de jamón ibérico o con el potente sabor marino del bacalao. ¿Están buenas? Preguntádselo a los chicos de La Vermutería/Casa de Comidas, que no paran de de marchar medias decenas de estas maravillas todos los días.

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