Proceso

Un espacio construido colectivamente

Estas son las cinco líneas de trabajo participativo que están construyendo el futuro de Convent Carmen. Media decena de proyectos que hacen posible un convento inclusivo y compartido por el barrio, la ciudad y aquellos que la visitan.

El Convento de San José y Santa Teresa fue depósito de vida durante más de cuatro siglos. El día a día de la comunidad que allí vivía dotaba de verdadero sentido al edificio y le contagiaba calor. Las religiosas se organizaban entre sí para preparar la comida que luego compartían, para arreglar el más mínimo desperfecto, para mantener el lugar limpio y arreglado… Cuidaban con mimo ese espacio que las ponía en relación.

Durante un periodo aproximado de diez años, el convento permaneció vacío y casi olvidado. En el silencio y la quietud, se convirtió en un lugar a la espera en el que todavía puede sentirse la ausencia de aquella vida previa.

Actualmente, Convent Carmen es un espacio que comienza a ser rehabitado, que vuelve a adquirir sentido. Creemos que revivir el convento debe ser una tarea sensible y paciente. Volver a dotar de significado a estas paredes necesita partir de una profunda comprensión del lugar, de hacer aflorar su memoria, de aprender de los hallazgos que ese proceso desvele.

Nos interesa sobre todo la idea de que Convent Carmen vuelva a ser un espacio arropado por una comunidad de personas que lo sientan suyo, que lo aprecien y que participen en las cosas que en él sucederán. Queremos que Convent Carmen sea para esas personas un elemento de encuentro y un dinamizador común.

A partir de esta filosofía, en esta primera etapa de la reactivación del espacio pondremos en marcha cinco proyectos enfocados a construir Convent Carmen conjuntamente. Estos proyectos están estrechamente ligados al edificio, al barrio donde se ubica y a la historia de València ciudad. Miran al pasado del convento para aprender de él y resituarlo en nuestro tiempo presente. Presumen de espíritu inquieto y están coordinados por equipos procedentes de distintos ámbitos y disciplinas (el arte, la mediación cultural, el diseño, la arquitectura, la acción social, la investigación académica…). Se plantean el desafío central de implicar activamente a distintos colectivos ciudadanos, de fomentar que personas distintas se apropien de Convent Carmen y estén representadas en un espacio que quiere y necesita ser abierto y plural.

Las cinco líneas de trabajo participativo que sondearán las posibilidades y construirán el futuro de Convent Carmen serán:

1. El Archivo. Roser Colomar y Estelle Jullian actuarán de mediadoras para hacer emerger la memoria del convento, entendiéndolo, no como un edificio patrimonial y estático, sino como un lugar testigo de historias contadas o por contar. Con una actitud explorativa y poética, a lo largo de talleres, conversaciones abiertas y exposiciones, se convocarán diversas miradas que compondrán un relato coral.

2. El Taller. Reflexionando sobre el cuidado que las monjas depositaban en el mantenimiento y la adecuación del convento, este apartado trabajará el desarrollo de habilidades para producir, reparar y habitar un espacio. Se plantea un proceso de capacitación dirigido a personas no familiarizadas con el ámbito del diseño. Desde lo básico y lo duradero, el joven artista Luce propondrá una aproximación atenta al proceso, a los materiales y a las herramientas de trabajo.

3. El Jardín. De tamaño similar al edificio construido, el jardín era para la comunidad un espacio de vida al aire libre. El lugar exigía atención, pues debían sembrarse las plantas, mantenerlas regadas, retirar las malas hierbas... Pero cuidar a la naturaleza es un trabajo que se disfruta, pues nos hace tomar conciencia de nuestro lugar en el mundo. El equipo de arquitectos Arae trabajará junto a un grupo de niños y niñas para desvelar el jardín de Convent Carmen, convirtiéndolo en un aula didáctica y contagiando al espacio del espíritu revoltoso e inquieto de la infancia.

4. La Cocina. El convento era un lugar menos cerrado de lo que se podría pensar. De manera constante, nuevas monjas llegaban desde distintos lugares. Todas traían nuevas recetas que se compartían en la cocina, generando encuentros y dando lugar a nuevos sabores. Apoyados en esta imagen, por medio de la colaboración entre el colectivo Cocinas Migrantes y el equipo de Sucede, abriremos un espacio de intercambio de saberes alrededor de la gastronomía que reivindicará el valor de la diversidad.

5. La Sala de Juntas. La vida en el convento transcurría con aparente ligereza, pero como hemos visto, no eran pocas las tareas para mantener el espacio vivo. La comunidad organizaba regularmente los trabajos de atención y cuidado, que eran los que verdaderamente daban sentido al edificio. Esa tarea de seguimiento, evaluación y debate nos parece clave para el desarrollo de un proceso creativo como el que se plantea. Econcult, la unidad de investigación de la Universitat de València experta en economía de la cultura, se encargará de ordenar todo el aprendizaje generado y de medir el valor social producido.

Plaza Portal Nou, 6, 46006 València
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